"Yasnaaaaaaa!". Ese era el grito de batalla de los taxistas que ya bien de noche colmaban el siempre bien ponderado sucucho de Ejército con Gay. La joven (supongamos que era joven) venía, tomaba órdenes, entregaba cafecitos y, lamentablemente, sonreía a los comensales que ese momento rodeaban alguna de las tres mesas de pool que contaba el tugurio. La entrada, llena de aserrín en invierno y de perros que buscaban sombra en primavera, mostraba las perchas siempre vacías: creo que los taxistas tenían miedo que Yasna les viera las axilas trabajadas.
Acá jugabamos pool. Digo jugabamos porque a pesar de ser bien creativo no se puede jugar pool solo. Yo lo sé, lo intente varias veces porque en un comienzo los Marios (Bravo y Guajardo, principalmente el segundo) trapeaban el piso conmigo. "Si no tomai el taco así, no podi decir que jugai pool, poh tongua!", decía el pequeño, que corría siempre a tomar el más mejorcito. Decirle taco a ese trozo de madera pulida, más doblada que fakir en un dieciocho de septiembre, es un poco exagerado aunque he escuchado referencias más brutales en otras partes. Ponerle tiza era un escándalo: hay que hacerlo, pero la tiza (para mí, alias piedra pome) chirriaba al contacto.
"A que jugamos?"
"Color"
"Bola tras bola"
"Pares e impares"
"Qué?, Chico, qué te fumaste?"
"Cambiemos el 'ambience', che gordete".
Elegir mesa era otro problema. MarioG siempre quedaba con lo que llamabamos "pillo estructural", por lo que sólo podíamos jugar en la primera mesa. Hay que decir que luego se volvió un maestro del diablo (en realidad un palo de escoba con un atizador de salamandra del año del níspero). Esa mesa junto con todas sus "gracias" (un gogol de agujeros en el paño, buchacas racistas que no dejaban entrar la bola 8 ni la 9, aserrín que caía del techo cada vez que golpeaba con el taco el suelo) fue clausurada. Nunca entendí porqué. Incluso jugabamos a oscuras cuando con rompí con un taco el tubo fluorescente. De a poco nos moviamos a la mesa de los "mataos", los taxistas vetustos que jugaban hasta que saliera el sol para sus turnos. MarioB tenía la ventaja por alcance en esa mesa. MarioG, el diablo y mucha suerte. Pasamos luego a la del fondo, a la mesa al lado del "comedor", donde uno pedía las Bilz y las Pap. Donde estaba Yasna haciendo los "shurrascopaltatomateconpapitas". Donde uno pedía las bolas, la tiza y la cuenta, siempre del orden de bicocas. Donde el pequeño miraba a ver si la encargada del local se aparecía: Marito y ella en una película de los 60's en blanco y negro. Bien kitsch.
Esa era la época del Tangueo, donde nos molestabamos con todo y por todo. "Andrius" decía el petizo y movía el taco cerca de la buchaca. Yo respondía con "San Martín" y le pasaba la tiza por la cabeza. "Cámara amiga" con la tiza en la buchaca. "Sin contacto!", era la regla que siempre se rompía. No había injerencia que no valiera.
El camino de vuelta al hogar siempre era similar: "La otra te la gano", "La quince fue un bolón", "Ando sin punto de bola", "Estaba muy buena la vieja", "Carambola!". Y la hora era siempre más o menos la misma: excesivamente tarde. Quien me manda a estudiar con los Ms, si yo ya sabía la conclusión del estudio: un pool a las 4 de la mañana.
Acá jugabamos pool. Digo jugabamos porque a pesar de ser bien creativo no se puede jugar pool solo. Yo lo sé, lo intente varias veces porque en un comienzo los Marios (Bravo y Guajardo, principalmente el segundo) trapeaban el piso conmigo. "Si no tomai el taco así, no podi decir que jugai pool, poh tongua!", decía el pequeño, que corría siempre a tomar el más mejorcito. Decirle taco a ese trozo de madera pulida, más doblada que fakir en un dieciocho de septiembre, es un poco exagerado aunque he escuchado referencias más brutales en otras partes. Ponerle tiza era un escándalo: hay que hacerlo, pero la tiza (para mí, alias piedra pome) chirriaba al contacto.
"A que jugamos?"
"Color"
"Bola tras bola"
"Pares e impares"
"Qué?, Chico, qué te fumaste?"
"Cambiemos el 'ambience', che gordete".
Elegir mesa era otro problema. MarioG siempre quedaba con lo que llamabamos "pillo estructural", por lo que sólo podíamos jugar en la primera mesa. Hay que decir que luego se volvió un maestro del diablo (en realidad un palo de escoba con un atizador de salamandra del año del níspero). Esa mesa junto con todas sus "gracias" (un gogol de agujeros en el paño, buchacas racistas que no dejaban entrar la bola 8 ni la 9, aserrín que caía del techo cada vez que golpeaba con el taco el suelo) fue clausurada. Nunca entendí porqué. Incluso jugabamos a oscuras cuando con rompí con un taco el tubo fluorescente. De a poco nos moviamos a la mesa de los "mataos", los taxistas vetustos que jugaban hasta que saliera el sol para sus turnos. MarioB tenía la ventaja por alcance en esa mesa. MarioG, el diablo y mucha suerte. Pasamos luego a la del fondo, a la mesa al lado del "comedor", donde uno pedía las Bilz y las Pap. Donde estaba Yasna haciendo los "shurrascopaltatomateconpapitas". Donde uno pedía las bolas, la tiza y la cuenta, siempre del orden de bicocas. Donde el pequeño miraba a ver si la encargada del local se aparecía: Marito y ella en una película de los 60's en blanco y negro. Bien kitsch.
Esa era la época del Tangueo, donde nos molestabamos con todo y por todo. "Andrius" decía el petizo y movía el taco cerca de la buchaca. Yo respondía con "San Martín" y le pasaba la tiza por la cabeza. "Cámara amiga" con la tiza en la buchaca. "Sin contacto!", era la regla que siempre se rompía. No había injerencia que no valiera.
El camino de vuelta al hogar siempre era similar: "La otra te la gano", "La quince fue un bolón", "Ando sin punto de bola", "Estaba muy buena la vieja", "Carambola!". Y la hora era siempre más o menos la misma: excesivamente tarde. Quien me manda a estudiar con los Ms, si yo ya sabía la conclusión del estudio: un pool a las 4 de la mañana.
3 comentarios:
ta el blog bueno weon, lun no te supera
Che Gordete, veo que ante mi ausencia de 2 semanas -sólo 2 semanas-, no has tenido más consuelo que escribir sobre la alegría y todo el color que le brindo a tu vida; en tiempo pasado y presente inmediato. Enhorabuena por tus reflexiones. Para tus fruiciones varias, matinales-diurnas-y-nocturnas, he vuelto. Hoy he vuelto. Pero esta vez, no por mucho tiempo. Última vez y no por mucho tiempo. Arovechad, regocijaos, antes de que emprenda rumbo a tierras niponas.
Que buena historia..... saludos por allá
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