El título lo dice todo. Bueno, no todo, pero muy cerca del todo. 99% del todo. Casi todo. Solo le falta decir que hierbas, y esas me las se yo no más.

martes, 18 de marzo de 2008

Talca o de como un pueblo chico es un infierno grande

Esta tiene nombre y apellido (nombre no más porque el que sabe, sabe). M, la siguiente libación jugosa es para ti.

C: viene de Talca, pequeña ciudad al sur de Santiago, lo que para mí significa algo así como "soy el hermano chico del vecino de ..." en jerga geográfica. La muy noble y muy leal, como decía en algún panfleto algo regionalista, tiene como gran antecedente ser la ciudad donde nunca pasa nada. Piki podrá alegar que esta definición es pre-él. Yo estoy de acuerdo, siempre y cuando muestre las pruebas empíricas y feacientes. Lo cierto es que en este lugar, para C: nada cambia, y si lo hace es de una manera adiabática-cuasiestática. Para muestra un botón (nunca he entendido porque hay que mostrar un botón, porque no un cierre o un cuello que son más decidores).

Despierto sólo, cosa que en Santiago o cualquier orbe algo más cosmopolita no es posible, sea por la cantidad ingente de bocinazos y "echadas de foca" o por el ruido propio del movimiento céntrico. Acá uno se despierta sólo... sí, es verdad, estoy de vacaciones, pero eso no quita la veracidad del asunto. Me acerco raudo al desayuno contundente, que viene siendo el mismo desde que entré a la U: pan con palta y café/té. Si no hubiera alguna parte imprescindible del tándem, no sería desayuno. Salgo de la cama con esfuerzo hercúleo (ojo con el acento ah) y paso cerca de cuatro horas sopesando los quanta de tiempo que pasaré en el sofá al lado de la tele surranusaun y en la hamaca al lado de la piscina. En todo este tiempo, jamás se me pasó por la cabeza ducharme o algún proceso higiénico, salvo el natural y necesario cepillado dental. El almuerzo cae como de cajón a la una, justo cuando ya me aburría de ver una que otra película del cable, de esas que pasan directamente al DVD por ser más malas que el Chacal de Nahueltoro (el personaje, no la película). La tarde corre sin prisa, hasta que llega la noche y el calorcito se disipa en fomedad. Pîki llama por teléfono para juntarnos en la plaza. La jungla pokemona espera: matas de pelo más ponceos varios se daban cita al frente de la catedral. Con un poquito de antonomasia cristiana, pensaba, mientras me bajaba del coleto número once. Caminando un rato, me llega una palmada en la espalda. "C:, otra vez por acá?", me dijo Julio Gil, con sonrisa PeP y uno que otro pape en la cabeza. Historias varias sobre el ir y venir en el pueblo este, y que no vienen al caso. Otra palmada en la espalda. "C:, otra vez por acá?", dice un Piki que cada vez parece más alemán caucásico. Más cuentacuentos. Caminamos rumbo a un tugurio (la Leonera, lugar excento lamentablemente de Leonas), donde nos encuentran uno que otro amigo del DJ. "C:, otra vez por acá?", dice saltando de la nada uno de mis amores de infancia, de esos que no se ven en años y que no se olvidan nunca. Me pregunta por el que dirán y por el que dijeron. Pero eso no importa, porque toda mi historia ex-Chile la conoce como si hubiera sido escrita por el puño y letra de mi señora madre (no el puño, diría más que todo su proverbial verborrea). Talca verdaderamente es un pueblo chico/infierno grande. Probablemente mañana el que quiera saber donde estuve ayer, lo sepa. Y el que no quiere, también.
C:

2 comentarios:

rafa lafuente dijo...

talca, esa ciudad especial que cada vez que voy parece ir retrocediendo en el tiempo, donde todos son los "hijos de..." y el apellido pesa. tu lo dijiste: pueblo chico, infierno grande.

Saludos...

PD: hay un error de tipeo, es de Nahueltoro, no Hahueltoro, pero no nos vamos a poner exquisitos con eso.

C: dijo...

N.d.R.: Corregido el problema con el famoso chacal.

C: