"Hola, mi nombre es C: y soy un Saltador Compulsivo".
Ese debería haber sido mi presentación oficial, cada vez que llegabamos a una fiesta junto con Iver y el grupo de apoyo. "Ya, pero piola" es lo que se me pasa por la cabeza al principio.
Varios artefactos, electrodomésticos y aparatos de calefección han pasado a mejor vida gracias a las peripecias del conjunto de pelamazos. Si bien lo recuerdo, la Máquina aún tiene una deuda pendiente con la calefacción central de cierto departamento. Aún debo a Maël un espejo, una botella y una silla, que pasaron a mejor vida luego del paso del Huracán C:. Esto de saltar porque sí no es nuevo, tiene historias múltiples en múltiples lugares. Sólo puedo hablar por mi mismo (y algunas de mis múltiples personalidades): el comienzo debió haber sido en el nunca mal recordado "paseo" (que más pareció genocidio neuronal) a Pelluhue, balneario del litoral central cerca de la muy noble y muy leal. Balneario es un tanto exagerado, la palabra le cuelga al villorrio, aunque se jacte de tener página web punto com. En una cabaña que luego de nuestro tormentoso paso por sus piezas pasó a mejor vida, junto con varios platos, vidrios, camas y uno que otro muñeco de primera comunión, mi cabeza dejó marcas con forma oval en el techo. Para mí defensa, el techo era muy bajo. Y yo no fui el único que se estampó: la Bambi no salió indemne del tugurio formato Tatoo ese.
Cuando ya creía que estaba condenado a tener que restringirme a movimientos circunspectos, me doy cuenta que juguitos de pelota hay en todas partes. Bueno, no en todas partes: intentar que un francés se saque un pasito, es provocarle fractura de coxis, por lo menos. Al final, casi como los Cazafantasmas, llegamos a arreglar en entuerto de la fomedad (o la falta de jugo, your choice). Junto con Iver, Rata y la Máquina, empapelamos el cielo de la MPF con marcas ovales. Mucho salto, buen ejercicio cardiovascular dice el médico típico invitado al Buenos Días a Todos: lo único que basculaba era mi vaso. En otro rincón, M y Carola, miraban prestos a meterse al ruedo. Es inherente, parece. El control se me escapa. Lo bueno, es que no soy el único.
C:
Ese debería haber sido mi presentación oficial, cada vez que llegabamos a una fiesta junto con Iver y el grupo de apoyo. "Ya, pero piola" es lo que se me pasa por la cabeza al principio.
Varios artefactos, electrodomésticos y aparatos de calefección han pasado a mejor vida gracias a las peripecias del conjunto de pelamazos. Si bien lo recuerdo, la Máquina aún tiene una deuda pendiente con la calefacción central de cierto departamento. Aún debo a Maël un espejo, una botella y una silla, que pasaron a mejor vida luego del paso del Huracán C:. Esto de saltar porque sí no es nuevo, tiene historias múltiples en múltiples lugares. Sólo puedo hablar por mi mismo (y algunas de mis múltiples personalidades): el comienzo debió haber sido en el nunca mal recordado "paseo" (que más pareció genocidio neuronal) a Pelluhue, balneario del litoral central cerca de la muy noble y muy leal. Balneario es un tanto exagerado, la palabra le cuelga al villorrio, aunque se jacte de tener página web punto com. En una cabaña que luego de nuestro tormentoso paso por sus piezas pasó a mejor vida, junto con varios platos, vidrios, camas y uno que otro muñeco de primera comunión, mi cabeza dejó marcas con forma oval en el techo. Para mí defensa, el techo era muy bajo. Y yo no fui el único que se estampó: la Bambi no salió indemne del tugurio formato Tatoo ese.
Cuando ya creía que estaba condenado a tener que restringirme a movimientos circunspectos, me doy cuenta que juguitos de pelota hay en todas partes. Bueno, no en todas partes: intentar que un francés se saque un pasito, es provocarle fractura de coxis, por lo menos. Al final, casi como los Cazafantasmas, llegamos a arreglar en entuerto de la fomedad (o la falta de jugo, your choice). Junto con Iver, Rata y la Máquina, empapelamos el cielo de la MPF con marcas ovales. Mucho salto, buen ejercicio cardiovascular dice el médico típico invitado al Buenos Días a Todos: lo único que basculaba era mi vaso. En otro rincón, M y Carola, miraban prestos a meterse al ruedo. Es inherente, parece. El control se me escapa. Lo bueno, es que no soy el único.
C:
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