No voy a hablar de grandes alamedas ni nada de eso, aunque podría: me sale fácil la grandilocuencia cuando hay que llenar espacio. Tampoco voy a hablar del calor brutal que ayer invadía la noche parisina (y sus nefastas consecuencias para el sentido olfativo del neófito a las tierras galas, ajenas al antitranspirante). Tampoco de que cuando hay grandes masas de gente, los franceses gritan. Nunca lo voy a entender, pero como que les gusta gritar onomatopeyas al aire porque si. Por útlimo podrían gritar algo más cercano a "Fuera Domenech" o "Muera el Roto Quezada", no?.
De lo que si voy a hablar, parte porque aparecieron muchas fotos que no recuerdo haber tomado (videos inclusive como el de arriba), parte porque que quiero, parte para que tú sepas, es sobre la famosa Fête de La Musique, in french llu nou?. El año pasado, si más lo recuerdo (la parte que recuerdo) no estuvo tan buena como ésta. Partiendo desde mi depto (ahora le digo mi depto, me costó como 5 meses cachar que era mío... si seré gil), en casi cada esquina había algún grupito self-made, tocando, cantando o percutiendo (mi cabeza de acordarse, resuena por la percusión... au!). Estoy tratando de hacer una lista de las burradas que vi, a ver como estoy, Godoy.
Saliendo del depto, un grupo de vejetes en el nunca bien ponderado (y nunca lo será tampoco, de eso me encargo yo) Café Cumbia (si, ese es el nombre, no es un chiste ni una talla... quizá una manda) le hacían a los Congotronics. Incluso tenían una base de fanclab, compuesta por franceses que tenían esa enfermedad múltiple congénita: fémur soldado a la cadera más completa ausencia de ritmo. Sonrisa N°1. La prefectura de policía al lado, impertérrita, no atinaba a mandar "amigos en su camino" para parar esta perturbación al orden y las buenas costumbres. En la esquina, en el bar de la esquina, un Karaoke medio improvisado de Elvis se escuchaba desde lejos. Un viejito chiquitito con cara de picarón, mirando de frente a una cebollita de veinte mientras le cantaba Blue Sway Shoes me sacó la sonrisa N°2. Saqué una velib (que luego quedó en mi depto unas cuantas horas porque estaban todas las estaciones ocupadas: mi cuenta corriente suena como máquina tragamonedas, como el ruido que hace la Marce cuando pierdo puntos). En velib, en el primer semáforo, me suena un Dylan con buen acento chute pidiendole alguna que otra cosita a Mr. Tambourine Man. Dos viejitos medios californios, en la esquina más oscurita, se estaban dando, y no eran consejos. Otra sonrisa a la cuenta. Antes de enfilar (no piense mal) hacia la Place d'Italie, jam session live muy a lo Coltrane en frente del parquecito de Choisie. Dos personas los escuchaban, una se iba yendo, mientras sonreía, en velib.
En la Place d'Italie, estaba quedando la pura patá. En medio de la placita esta, un tipo imbuido con Bowie le cantaba al mayor Tom. Yo creo que el caballero ese agarró su nave espacial y apretó cachete (entre astronautas nos entendemos) a la vereda del frente, a ver como un grupito de francesitas se crían Hole y hacían, como dice mi viejo, puro ruido. Yo sonreía sin tapujos, mientras pedaleaba porcinamente. En les Gobelins, ya era la hora de la locura. En cada esquina alguna agrupación diferente: los polnafans (chasca al viento I kid you not) cantando Love me, please love me del maestro Polnareff ni se inmutaban con los tipos Sensation White que le hacían al punchipunchi al frente. Espasmos pensaba, mientras ya me reía no más. Unos se crían brus esprinstin, otros cantaban I put a Spell on you (pero la versión media Barry White, que es la que me gusta a mí). En filas de autos infinitas (no infinito a lo Chuck Norris, ah, no confunda) que llegaban al Quai Saint Bernard (ese en frente del mundo árabe, que ahora si que parecía un Mundo Arabe porque nunca había visto tanto Merguez junto y pa'l bajón es superior: Rata puede confirmalo) se escuchaba una que otra de Bob Sinclair, pero las pegotes que ya aburren porque una las ha escuchado chorromil veces.
Ya en el Saint Bernard, salsa, merengue y son. Mucho Jugo. Mucho. Pero eso no tenía mucha música, por lo que no lo voy a comentar (si quieren lo hago, pero después que o si no no me acuerdo de la lista de reproducción). De vuelta, hice callar a una velib que me molestaba con un pito no-musical. Me sacó otra sonrisa. Cuando ya el sol estaba arriba, logré llegar de vuelta al depto. Me acosté como a las 7, no si antes escuchar Me haces bien, pero bien jorgedrexlereada. Y como ya pueden adivinar, esa si que me saco una sonrisa.
C:
Saliendo del depto, un grupo de vejetes en el nunca bien ponderado (y nunca lo será tampoco, de eso me encargo yo) Café Cumbia (si, ese es el nombre, no es un chiste ni una talla... quizá una manda) le hacían a los Congotronics. Incluso tenían una base de fanclab, compuesta por franceses que tenían esa enfermedad múltiple congénita: fémur soldado a la cadera más completa ausencia de ritmo. Sonrisa N°1. La prefectura de policía al lado, impertérrita, no atinaba a mandar "amigos en su camino" para parar esta perturbación al orden y las buenas costumbres. En la esquina, en el bar de la esquina, un Karaoke medio improvisado de Elvis se escuchaba desde lejos. Un viejito chiquitito con cara de picarón, mirando de frente a una cebollita de veinte mientras le cantaba Blue Sway Shoes me sacó la sonrisa N°2. Saqué una velib (que luego quedó en mi depto unas cuantas horas porque estaban todas las estaciones ocupadas: mi cuenta corriente suena como máquina tragamonedas, como el ruido que hace la Marce cuando pierdo puntos). En velib, en el primer semáforo, me suena un Dylan con buen acento chute pidiendole alguna que otra cosita a Mr. Tambourine Man. Dos viejitos medios californios, en la esquina más oscurita, se estaban dando, y no eran consejos. Otra sonrisa a la cuenta. Antes de enfilar (no piense mal) hacia la Place d'Italie, jam session live muy a lo Coltrane en frente del parquecito de Choisie. Dos personas los escuchaban, una se iba yendo, mientras sonreía, en velib.
En la Place d'Italie, estaba quedando la pura patá. En medio de la placita esta, un tipo imbuido con Bowie le cantaba al mayor Tom. Yo creo que el caballero ese agarró su nave espacial y apretó cachete (entre astronautas nos entendemos) a la vereda del frente, a ver como un grupito de francesitas se crían Hole y hacían, como dice mi viejo, puro ruido. Yo sonreía sin tapujos, mientras pedaleaba porcinamente. En les Gobelins, ya era la hora de la locura. En cada esquina alguna agrupación diferente: los polnafans (chasca al viento I kid you not) cantando Love me, please love me del maestro Polnareff ni se inmutaban con los tipos Sensation White que le hacían al punchipunchi al frente. Espasmos pensaba, mientras ya me reía no más. Unos se crían brus esprinstin, otros cantaban I put a Spell on you (pero la versión media Barry White, que es la que me gusta a mí). En filas de autos infinitas (no infinito a lo Chuck Norris, ah, no confunda) que llegaban al Quai Saint Bernard (ese en frente del mundo árabe, que ahora si que parecía un Mundo Arabe porque nunca había visto tanto Merguez junto y pa'l bajón es superior: Rata puede confirmalo) se escuchaba una que otra de Bob Sinclair, pero las pegotes que ya aburren porque una las ha escuchado chorromil veces.
Ya en el Saint Bernard, salsa, merengue y son. Mucho Jugo. Mucho. Pero eso no tenía mucha música, por lo que no lo voy a comentar (si quieren lo hago, pero después que o si no no me acuerdo de la lista de reproducción). De vuelta, hice callar a una velib que me molestaba con un pito no-musical. Me sacó otra sonrisa. Cuando ya el sol estaba arriba, logré llegar de vuelta al depto. Me acosté como a las 7, no si antes escuchar Me haces bien, pero bien jorgedrexlereada. Y como ya pueden adivinar, esa si que me saco una sonrisa.
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