Antes que todo (decir antes que nada me suena idiota, porque a) nunca me ha gustado la respuesta de Santo Tomás al que pasaba antes del tiempo y de la nada, que era algo así como "lo que pasa antes del tiempo y de la nada no son cosas que atañen a Dios", o sea, sácate un pillito poh, y b) antes de nada no hay nada, pero si uno piensa eso significa que la nada era algo y deja de ser nada... o no estoy entendiendo nada), Feliz Cumpleaños!.
Campitos agarraba la botellita de Kronenbourg como si se fuera a caer (en efecto, casi se le cae) mientras discutía con Rata sobre una infinidad de bandas de rock con nombres ominosos como Death o Opeth. No es que sean malas bandas, pero no las escucho asiduamente (al menos tan asiduamente como me rasco el cuarto metatarsiano del pie izquierdo... claro, y ahora me pica la burrá). C: cantaba a todo pulmón a las 4 de la mañana una canción de los Beatles que ahora no recuerdo, pero que con alta probabilidad era A Hard Day's Night, por insistencia de Carola. M y la Máquina estaban afuera del lar de los BravOviedo, fumándose el gogolésimo "pucho". De las discusiones de afuera no puedo decir mucho, porque en mi estado de flojera extrema con una pizca de comodidad, estaba casi atornillado al sofá (muy al estilo de mediocampista de equipo de viejos cracks, de esos que la ponchera los hace correr más rápido por la gigantesca inercia que les da y que les hace bolsa los meniscos porque parar un barrilito corriendo no se hace sin esfuerzo). Fue un buen final para el día, que ya había empezado tarde porque por los Parises es feriado: celebran el fin de la "Gran Guerra" (la que pelearon de verdad, creo). Lo celebramos como se debe, a pesar de no tener pito que tocar: no somos árbitros de nada. Cuando M entró, casi a las 6 (o esa es la hora que quería proyectar en mi cabeza), comenzaron a cantar algo sobre un tal Polaris, pero que se escuchaba claramente como Lanzapoleras. Me recordó mucho cuando uno confundía el inglés del Killing in the Name of en el colegio. La cuestión cayó en impetú: hora de irse. Ya a la salida nos dimos cuenta de que el solcito está pegando, sin clemencia. Con el horario cambiado y uno que otro reto de la negrita de enfrente por nuestros múltiples improperios en español (en verdad creo que le tenía ganas a Rata, pero esa es mi opinión poco informada), caminamos al metro. Veremos que se hace mañana dijimos. Eso no es del todo cierto, la correcta frase debe haber sido: "Esto fue un error... veamos que hacemos mañana".
C:
Campitos agarraba la botellita de Kronenbourg como si se fuera a caer (en efecto, casi se le cae) mientras discutía con Rata sobre una infinidad de bandas de rock con nombres ominosos como Death o Opeth. No es que sean malas bandas, pero no las escucho asiduamente (al menos tan asiduamente como me rasco el cuarto metatarsiano del pie izquierdo... claro, y ahora me pica la burrá). C: cantaba a todo pulmón a las 4 de la mañana una canción de los Beatles que ahora no recuerdo, pero que con alta probabilidad era A Hard Day's Night, por insistencia de Carola. M y la Máquina estaban afuera del lar de los BravOviedo, fumándose el gogolésimo "pucho". De las discusiones de afuera no puedo decir mucho, porque en mi estado de flojera extrema con una pizca de comodidad, estaba casi atornillado al sofá (muy al estilo de mediocampista de equipo de viejos cracks, de esos que la ponchera los hace correr más rápido por la gigantesca inercia que les da y que les hace bolsa los meniscos porque parar un barrilito corriendo no se hace sin esfuerzo). Fue un buen final para el día, que ya había empezado tarde porque por los Parises es feriado: celebran el fin de la "Gran Guerra" (la que pelearon de verdad, creo). Lo celebramos como se debe, a pesar de no tener pito que tocar: no somos árbitros de nada. Cuando M entró, casi a las 6 (o esa es la hora que quería proyectar en mi cabeza), comenzaron a cantar algo sobre un tal Polaris, pero que se escuchaba claramente como Lanzapoleras. Me recordó mucho cuando uno confundía el inglés del Killing in the Name of en el colegio. La cuestión cayó en impetú: hora de irse. Ya a la salida nos dimos cuenta de que el solcito está pegando, sin clemencia. Con el horario cambiado y uno que otro reto de la negrita de enfrente por nuestros múltiples improperios en español (en verdad creo que le tenía ganas a Rata, pero esa es mi opinión poco informada), caminamos al metro. Veremos que se hace mañana dijimos. Eso no es del todo cierto, la correcta frase debe haber sido: "Esto fue un error... veamos que hacemos mañana".
C:
2 comentarios:
Gracias por la mencion y por haber venido ayer!
Por na pue!
Hasta el otro será...
C:
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