"Un cariñoso aplauso para este gran artista... bastante pálido...", decía Enrique Maluenda luego de que dos tipos con chalecas setenteras, con el clásico diseño de abuelita (rayitas y cuadrillés) y sendos pares de hachas sacaran al pobre Mago Oli de lo que solamente puedo llamar un contenedor de leche Colún.
Debe haber sido el primer mago televisado que vi en mi vida, cosa que no aporta mucho a la profesión de los prestidigitadores. Mención aparte para Helmut. Además de tener un parecido inverosímil con un antiguo profesor de Beaucheff (la voz particularmente y un cierto deseo irrefrenable de espetar sandeces), sus chistes en peseudo-alemán eran tan buenos que creía hasta entenderlos. Pero fuera de estos dos lados de la moneda, no había visto la parte sustanciosa de las desapariciones mágicas, muy al estilo de Las Vegas, pero sin un Elvis en cada esquina. Esto hasta el mítico "paseo" (la palabra paseo se usa tan a la ligera que ya es recurrente para mis viajes a Chile) a Vilches.
Nunca he sabido bien que quiere decir Vilches alto, bajo o medio. Para mi todo es alto, si hay que subir más de 100 metros. O que? se creen muy altos? les dieron salitre cuando chicos? los colgaban de los pies, a lo Batman?. En fin, la famosa reunión fue en Vilches y punto. En el mismo tiempo que Protagonistas de la Fama acababa por arruinarme las noches de estudio (porque el placer culpable de todos era escuchar los pastelazos de los pasteloides de la pastelería del canal 13), todos los asistentes fuimos eliminados por convivencia (algunos más veces que otros). Uno por echarse la radio, de la que salía humito y no del blanco. Otro por comerse mi choripán (eso sonó mal). Otro por desquitarse con el mundo en cámara. Creo que alguien también se ganó la nominación por moverle el auto al Blai unos quinientos metros, para poder escuchar la radio, en ausencia de la nuestra propia, perdiendo al mismo tiempo las llaves. Y finalmente Juaco por ser Juaco. Aunque, hay que decirlo, se autoeliminó sólo. Aún más precisamente, su metabolismo lo eliminó. Lo dejamos en la cama de la pieza del Nacho, donde su hermano muerto penaba (magno acierto de Piki, con la foto del cabro chico peinado a lo Beatle pero sin pelela). La noche transcurrió al compás del carbón resquebrajándose en las brasas y los jugos clásicos de los de siempre.
La desaparición pasó desapercibida. Pero la aparición misteriosa, casi como un relato bíblico, no.
En la sala de estar/tugurio/cementerio de radio/mesa de blackjack dormían los sin cama, ergo, Fósil y C:. Quiero destacar que yo dormía en un rincón diametralmente opuesto al de Basilio. No se pase rollos. A menos que sean de sushi y de preferencia de palta. Como no habían camas y la comodidad es placer de los pudientes, dos sillas bastaron para aguantar mi peso. Eso si, mis rodillas aún me penan. El sueño duró pocazo. De un patadón la puerta del frente se abrió a las 11 de la mañana. Al otro lado del marco, Juaco, con la típica cara de enojado/jodido se paseaba raudo por la sala en dirección a "su" pieza y gritaba con impaciencia: "Quién me dejó durmiendo en el auto del Blai??!!". Nunca supimos como llego allá, lo que si se sabe es que las llaves del auto del Blai aparecieron junto con el míster.
C:
Debe haber sido el primer mago televisado que vi en mi vida, cosa que no aporta mucho a la profesión de los prestidigitadores. Mención aparte para Helmut. Además de tener un parecido inverosímil con un antiguo profesor de Beaucheff (la voz particularmente y un cierto deseo irrefrenable de espetar sandeces), sus chistes en peseudo-alemán eran tan buenos que creía hasta entenderlos. Pero fuera de estos dos lados de la moneda, no había visto la parte sustanciosa de las desapariciones mágicas, muy al estilo de Las Vegas, pero sin un Elvis en cada esquina. Esto hasta el mítico "paseo" (la palabra paseo se usa tan a la ligera que ya es recurrente para mis viajes a Chile) a Vilches.
Nunca he sabido bien que quiere decir Vilches alto, bajo o medio. Para mi todo es alto, si hay que subir más de 100 metros. O que? se creen muy altos? les dieron salitre cuando chicos? los colgaban de los pies, a lo Batman?. En fin, la famosa reunión fue en Vilches y punto. En el mismo tiempo que Protagonistas de la Fama acababa por arruinarme las noches de estudio (porque el placer culpable de todos era escuchar los pastelazos de los pasteloides de la pastelería del canal 13), todos los asistentes fuimos eliminados por convivencia (algunos más veces que otros). Uno por echarse la radio, de la que salía humito y no del blanco. Otro por comerse mi choripán (eso sonó mal). Otro por desquitarse con el mundo en cámara. Creo que alguien también se ganó la nominación por moverle el auto al Blai unos quinientos metros, para poder escuchar la radio, en ausencia de la nuestra propia, perdiendo al mismo tiempo las llaves. Y finalmente Juaco por ser Juaco. Aunque, hay que decirlo, se autoeliminó sólo. Aún más precisamente, su metabolismo lo eliminó. Lo dejamos en la cama de la pieza del Nacho, donde su hermano muerto penaba (magno acierto de Piki, con la foto del cabro chico peinado a lo Beatle pero sin pelela). La noche transcurrió al compás del carbón resquebrajándose en las brasas y los jugos clásicos de los de siempre.
La desaparición pasó desapercibida. Pero la aparición misteriosa, casi como un relato bíblico, no.
En la sala de estar/tugurio/cementerio de radio/mesa de blackjack dormían los sin cama, ergo, Fósil y C:. Quiero destacar que yo dormía en un rincón diametralmente opuesto al de Basilio. No se pase rollos. A menos que sean de sushi y de preferencia de palta. Como no habían camas y la comodidad es placer de los pudientes, dos sillas bastaron para aguantar mi peso. Eso si, mis rodillas aún me penan. El sueño duró pocazo. De un patadón la puerta del frente se abrió a las 11 de la mañana. Al otro lado del marco, Juaco, con la típica cara de enojado/jodido se paseaba raudo por la sala en dirección a "su" pieza y gritaba con impaciencia: "Quién me dejó durmiendo en el auto del Blai??!!". Nunca supimos como llego allá, lo que si se sabe es que las llaves del auto del Blai aparecieron junto con el míster.
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